Por: Don Politik
La tarde del sábado 13 de septiembre, Guanajuato capital se convirtió en escenario de una confrontación que retrata el verdadero rostro de la política local: dos grupos enfrentados, unos buscando perpetuarse en el poder, otros reclamando espacio bajo la bandera de la protesta. El resultado fue violencia, polarización y la confirmación de que los intereses de la ciudadanía siguen relegados.
Alejandro Navarro ha gobernado Guanajuato con un estilo personalista, cargado de símbolos turísticos, marketing político y control de la narrativa mediática. Durante sus administraciones, la ciudad se vistió de espectáculos y eventos, mientras se acumulaban críticas por inseguridad, servicios públicos deficientes y la sensación de que la capital es gobernada como una empresa familiar. Su esposa, Samantha Smith, pasó de primera dama a operadora visible, tejiendo su propia red de poder. En conjunto, ambos han cultivado la imagen de un clan político que busca perpetuarse más allá de los periodos de gobierno.
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El episodio de hoy refuerza esa percepción: denuncias de grupos enviados a boicotear, perifoneo contra críticos, movilización de recursos humanos y narrativas que apuntan más al control que a la solución de los problemas. La capital, patrimonio cultural de la humanidad, terminó convertida en plaza pública de disputas familiares y políticas.
Del otro lado aparece Jorge Antonio Rodríguez Medrano, un comunicador que encontró en la protesta un escenario para confrontar a los Navarro Smith. Sus denuncias sobre manipulación y mal gobierno resuenan en sectores inconformes, pero su perfil no se libra de cuestionamientos. Medrano no representa un proyecto ciudadano estructurado ni un liderazgo con visión de ciudad; más bien encarna un populismo mediático que capitaliza el enojo social sin ofrecer rutas claras de gobernanza. Su crítica se convierte en espejo del mismo personalismo que denuncia.
El choque de hoy no es entre gobierno y sociedad, sino entre proyectos de poder que usan a la sociedad como combustible. Una familia que busca perpetuarse y un comunicador que busca posicionarse. En medio, la ciudadanía recibe golpes, insultos y propaganda, como quedó demostrado con la mujer lesionada y la imagen de la ciudad nuevamente manchada por la confrontación política.
Guanajuato no merece estar atrapado entre excesos. La capital necesita gobiernos capaces de equilibrar la tradición con la modernidad, de atender la inseguridad y el rezago social sin convertir cada decisión en espectáculo. También necesita oposiciones serias, con propuestas y visión, no solo con estridencia.
Este episodio que inició frente a la presidencia municipal y que se llevó por las calles de la ciudad, muestra que el problema no es de un día ni de dos personas: es la normalización de una política que confunde gobernar con perpetuarse y criticar con protagonizar. Mientras tanto, la ciudad sigue esperando liderazgo verdadero, y no un nuevo capítulo de confrontaciones que, como siempre, terminan pagando los ciudadanos.
