Benjamín Segoviano / Guanajuato, Gto.
Llegaron desde Irapuato, Salvatierra, Celaya, Yuriria; bajaron de la prepa y de Valenciana, para hacer oír su voz indignada por el centro de la capital del estado.
Miles de estudiantes universitarios no se resignan a padecer la violencia que atosiga a este país y que a ellos les ha ensombrecido la vida desde niños, pues la mayoría apenas habían nacido cuando la inseguridad arrebató a la sociedad la tranquilidad y numerosos espacios de convivencia.

La protesta por el asesinato de Ángel Yael, las lesiones a su compañera Edith -ambos alumnos de Agronomía- y la liberación del presunto responsable, movilizaron al jóvenes, docentes y trabajadores de la Universidad de Guanajuato en un reclamo que todos compartimos. No se dejaron arrebatar la dirección del movimiento por directivos oportunistas, llenaron las calles con sus consignas y demandaron acciones efectivas de las autoridades.
Norma Lucía Rangel y Gerardo Ignacio, padres de Ángel, encabezaron la movilización que partió del edificio central de la UG. Vestidos de blanco, con mochilas colgadas en la espalda y las manos ocupadas con globos, listones en colores rojo y negro, lonas y cartulinas, gritaron por la ciudad su enojo.
“Señor, señora, no sea indiferente; asesinan a estudiantes delante de la gente” se vuelve exigencia. Cubren de carteles y cubren de “sangre” suelos y paredes; asustan a un presidente municipal que no da la cara.
El rector se muestra paralizado y los responsables de la seguridad, de todos los niveles de gobierno, ni por asomo aparecen.
Y eso que solamente piden justicia.

Profesor de carrera, periodista de oficio y vagabundo irredento. Amante de la noche, la música, los libros, el futbol, la cerveza y el cine. Inclinado a escribir acerca de mi ciudad, mi país y su gente, con feliz disposición a la plática entre amigos y a los viajes por el territorio nacional, en un perenne intento de reflejar en escritos esas experiencias.









