Don Politik

Hay frases que, aisladas y descontextualizadas, suenan más duras de lo que son. Cuando el alcalde sanmiguelense Mauricio Trejo señaló “no es clasismo, es economía”, muchos escucharon exclusión. Su mensaje en una entrevista —no solo la frase aislada— el fondo es: cómo se sostiene una ciudad patrimonial que está topada en su proceso de urbanización, pero que sí puede crecer en valor.
San Miguel de Allende no es una ciudad expansiva. Es Patrimonio de la Humanidad. Tiene límites urbanos claros. No puede duplicar su tamaño ni abrir desarrollos sin control.
El año pasado recibió más de dos millones de visitantes. La derrama económica superó los 14 mil millones de pesos. Para una ciudad de su tamaño, eso es su columna vertebral económica.
Cuando el territorio tiene techo, la única variable que puede optimizar es el concepto de valor, no el volumen. No es elitismo, es lógica y sentido común.
San Miguel no compite en turismo masivo. Compite con valor y ahí presenta: historia, cultura, arquitectura, gastronomía, bodas, experiencias y una comunidad local e internacional (residente) que en conjunto cuidan la ciudad.
Un visitante que permanece más tiempo y gasta más genera mayor ingreso con menor presión en servicios públicos. Ese es el punto.
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El otro tema que comentó Mauricio Trejo fue el tren y la posible movilidad migratoria y aquí también hubo un encuadre mediático simplificado.
Planear escenarios no es criminalizar personas; es anticiparse a la realidad.
México es país de tránsito y generador de una población importante de personas migrantes. Una nueva conexión ferroviaria implica oportunidades, pero también exige coordinación en seguridad, derechos humanos y ordenamiento. Hablar de análisis preventivo es gobernar con responsabilidad, no cerrar puertas.
Incluso el alcalde sanmiguelense dijo con claridad: si alguien llega, debe ser tratado con dignidad y acompañado conforme a la ley. Eso no es exclusión; es reconocer que la política migratoria es federal, pero las consecuencias se viven en lo local.
En el fondo, el debate es técnico —con su interpretación mediática ideológica— y debe centrarse en puntos como:
- ¿Cuántos visitantes puede soportar la ciudad sin colapsar?
- ¿Cómo se protege el empleo local?
- ¿Cómo atraer visitantes que reconozcan el valor de la Ciudad Patrimonio?
- ¿Cómo se mantiene la seguridad y la imagen internacional?
- ¿Cómo se cuida el patrimonio sin saturarlo?
San Miguel de Allende no puede ser una ciudad de volumen ilimitado; tiene que ser una ciudad de valor sostenido.
Eso no es clasismo. Es entender que, cuando el espacio es finito, la estrategia debe ser inteligente.
